Una rosa herida

Estoy sentada delante del ordenador
Este aparato que hace que me acerque a ti
En el cual desnudo mis sentimientos
Sin pudor, tan solo un simple lamento
Escribo arañando letras a mi corazón
Que brotan de una rosa herida
Sé que quizás no las leas jamás
Porqué nunca me perdonarás
Yo ya te he perdonado hace tiempo
Todo lo que te dije, lo lamento
Pero me encontré sola y desamparada
En el momento que más te necesitaba
Pero con el tiempo todo se pone en su sitio
Espero que ese día llegues a comprenderme
Me queda la libertad de mis pensamientos
En el cual tú siempre estarás presente.
Poemas aditivos

Me gustan los hombres que escriben poemas
Que fabulan e inventas historias de amor
En sus escritos lanzan dardos aditivos
Que siempre alcanzan sus objetivos
Algunas veces me dan en el corazón
Otras veces solo me hieren la razón
Me envuelven en una dulce locura
Me llenan de besos y falsa ternura
No hago nada para apartarme de ellos
Soy presa de sus engaños y juegos
Pero no seré yo quién les culpe de nada
Yo me defiendo de la misma manera
Invento y fabulo lo mismo que ellos
Enveneno mis versos con pasión y fuego
Y dan en el blanco en su justo momento
Los poemas no pertenecen a nadie
Simplemente nos adueñamos de ellos.
Leon Perdices parte dos por: Yamil Mojica
La monotonía de mi empleo me hizo desesperar un poco, debo admitirlo, nada fácil tratar a tantos junkies, haciéndose pasar por enfermos; y aunque en cierto punto lo son; yo no seré parte de su muerte. Absurdos canallas.
Hoy camine un poco, hasta una tienda de discos, ubicada en una de las calles principales de mi cuidad. Al hallarme dentro del establecimiento, todo tipo de dudas comenzaron a azotar mi cabeza, conocía previamente que necesitaba algo de música, pero no tenía una idea por cual.
Ni genero, ni persona en si. Una cosa si sabia, y era que no quería por ningún motivo, comprar esa basura comercial, ese conjunto de sonidos burdos y vánales. Grupos “alternativos” que dicen proponer nuevos conceptos. Una real basura.
Pero después de una hora de preguntas y más preguntas, opte por algo de Jazz, esa música maldita, que siempre me ha provocado pensamientos, placeres, reflexiones y deseos. Duke Ellington fue la adquisición de la noche.
Con mis discos en mano, me dispuse a abordar un camión que me llevase a mi sitio. Decida caminar un poco más, y subirme en la próxima parada. Pero de repente, ¡BUM!. Me detuve, detuve mi andar; a causa de un efecto flashback en el que mi mente se vio envuelta, cientos de regresiones acudían a mi cabeza; desde los momentos más importantes de mi infancia, hasta la farmacia donde trabajo. Todo extraño, sin sentido aparente,- ¿estaré perdiendo la razón? ¿Es acaso el limbo de la inevitable locura? ¿Será acaso un mensaje de mi subconsciente, tratando de pedirme un descanso? ¿O, talvez, la previa sensación, de una prometedora vorágine irreal? Me pregunte y seguí congelado en dudas, cogí un cigarrillo de la bolsa de mi camisa. El humo no resolvía nada, la nicotina solo aceleraba mis ritmos cardiacos, pero me era indiferente, solo éramos mis preguntas y yo.

–¡Basta ya León, basta ya!, dije dentro de mi, en tono severo. Posteriormente, adopte un paso apresurado, hacia la parada de autobuses. Llegue a casa, con dos discos y una gran duda encima.
Después de la ducha, encendí mi stereo, pulse el botón de play a uno de los discos, pero aun seguía con las imágenes en mi mente, aun con las preguntas; diablos, todo era confuso. Bebí a toda prisa mi lata de Coca-Cola, al final, la arroje con fuerza violenta, hacia mi aparatejo musical.
Me encontraba ahora en mi habitación, decidido a salir a beber algunas copas, y buscar una distracción para despejar un poco mi mente, lo que fuera, un ridículo tipo, frustrado como yo, haciéndome saber sus penurias cotidianas; enserio, fuere lo que fuere, no tenia relevancia.
Tome la primer playera que halle en mi guardarropa, encendí el motor de mi auto, y salí sin rumbo fijo. Después de unos minutos de conducir, y con mi nueva música en el stereo, llegue a un bar llamado “Galopín”, me pareció bastante curioso, el observar, a un grupo de sujetos con facha de maestros, o gerentes de algún lugar, bebiendo en un lugar con semejante nombre; al diablo con todo eso, anda ve, solo serán unas copas hombre, me dije.
Al cabo de dos horas y con un mareo significativo, pero aun poseedor de mi conciencia, me dispuse a continuar con mi vagabundeo nocturno. Conduje, no por mucho tiempo; tenia como destino ahora, la calle Ejercito Rojo, curioso nombre, lo se.
–Unas copas más y me retirare a casa, me dije. Pero en un repentino instante, me vi envuelto, en una escena, que llamo brutalmente mi atención; del otro lado de la calle se hallaba una prostituta, bastante atractiva; parecía discutir con un cliente.
-¡Eres un idiota¡ yo no hago esa clase de cosas, ¿porque no vas a joder a tus amigos? mi servicio se limita a una sola persona y lo sabes!
-Eres una simple prostituta, la dignidad no cabe en ti, yo me largo. Me pareció escuchar pero no estoy muy seguro.

La sexoservidora, con una expresión de ira, se sentó en una banca, pude observar, desde mi ubicación, que se disponía a tomar uno de esos largos y ridículos cigarrillos de su bolso; presuroso llegue hasta la banca y le ofrecí fuego, con mi encendedor metálico funcionando.
-Hola, escuche las palabras de ese canalla, tendrás que disculpar mi atrevimiento pero, debo decirte que no creo que esta vida sea buena para ti, ¿Qué te obliga a escuchar los insultos de estos idiotas? Pregunte, algo nervioso.
-Ja,ja,ja ¿Qué te obliga a ti a hablar con una prostituta? ¿Quieres algo de placer en esta fría noche? Fría y en tono de burla me respondió.
-No, respondí, con una expresión de seriedad en mi rostro. –Solo, me gustaría saber sobre ti, me parece absurdo verte, tan hermosa, en un mundo tan asqueroso, me causa admiración tal contrariedad es todo. Le explique.
-Una cerveza es lo que necesitamos, ahí un buen bar aquí cerca, me dijo, y al mismo tiempo se incorporó y caminó hacia el lado norte de la calle.
Yo la seguí, hasta que llegamos al lugar. Todo tranquilo; nos sentamos en la barra, y entonces me dijo:
-Mi nombre es Amanda, soy española, he nacido en Madrid; mi madre una drogadicta, que termino sus días con una jeringa en el brazo, mi padre un alcohólico, violento, machista e intolerante. Por ahora se encuentra en prisión pagando dos cadenas perpetuas, por asesinar a un tipo en un bar.
Decidí dejar mi país hace seis años y emigrar al tuyo. De verdad intente muchas cosas, para llevar una vida común, pero esta vida que me a tocado me a orillado hasta los anales del infierno mismo.
No tengo otra opción, mas que el abrir las piernas por unos cuantos billetes, doy asco pero, al fin y al cabo, ¿quien es buena persona hoy en día?
Hoy, me han corrido de mi departamento, por dos meses de retraso en el pago de mi alquiler, ¡malditos gilipollas! Que se vayan al infierno tío.
-Vamos a mi casa, tengo una cama y un sofá, ahí puedes pasar a noche y mañana, con calma buscas algo– Le dije, generoso.
Al cabo de una hora, llegamos a mi lugar, nos sentamos en mi sofá, nos familiarizamos muy pronto dentro de mi sucio departamento. Conversamos largas horas, ella desde el sofá, me escuchaba, yo tenia un vaso en la mano, y una gran necesidad de ser escuchado. Esa noche hice algo extraño; le confesé mi vida a esa mujer. Palabras y mas palabras emergían de mis labios, el efecto atenuante que me producía, el verla poniéndome atención era titánico, muy placentero; tanto que mi libido fue suprimido instantáneamente.

Esa noche fue algo efímera, terminamos durmiendo abrazados como un par de infantes, las palabras, súbitamente mutaron en sueño. Caímos.
León Perdices parte uno Por: Yamil Mojica
Saludos cordiales para toda la comunidad “Entre Locos”
Esta vez, me encantaría compartir con ustedes esta historia. La historia de “León Perdices”.
León Perdices. Sin identidad aparente, es un hombre solitario, victima de su propio destino, fumador compulsivo y caminante nocturno por iniciativa propia.
León labora como dependiente en una farmacia local por las mañanas, vive en el cuarentavo departamento de un edificio, ubicado en un barrio bastante peculiar…Hoy es viernes. Ya es algo tarde, y vaya que ya me he desvelado lo suficiente viendo esa absurda serie televisiva acerca de “vampiros modernos” no soy un viejo pero, en verdad esas series son una verdadera mierda, ya no suelen hacerlas como en los viejos tiempos, tiempos que no viví.
Y es que por alguna razón, ingenua, quizá, pensé que podría hallar algo bueno, al pulsar tantas veces el control remoto, pero solo he obtenido una desilusión por parte de mi “caja idiota”. Pero que puedo hacer, supongo que todos necesitamos de la ficción, para divergir un poco nuestra incomoda realidad.
En cuanto a mi trabajo, nada envidiable, ocho horas, frente un mostrador, escuchando de todo; señoras embarazadas, tipos paranoicos suplicando por algún “calmante” sin previa prescripción medica.
–oye hermano, estoy buscando algo para dormir, mi esposa me ha abandonado, se llevo a los niños y me ha demandado, quiere una pensión alimenticia. Vamos dame algo para dormir, de verdad, no tengo la plata suficiente para acudir con un medico.
–Hola, señor, amm… di-dis-culpe, ne-necesito una de esas pastillas para no quedar embarazada, las del día después.
–hey tu, dame una caja de aspirinas, ¡maldito sea mi dolor de cabeza!
Aspirina, Prozac, A-hydroCort , Allegra-D 24 Hour, Aquachloral Supprettes, Magonate, Ritalin
Focalin,Methylin, Methylin masticable, Methylin líquido.
Sí, hoy escuche de todo, pero que mas da, al final del día, se que mis series de mierda me esperan.
Finalmente después de maldecir un poco, el menú audiovisual, que ya he mencionado; decidí no salir de casa.
Solo me acuesto, enciendo mi cigarrillo y me pregunto – ¿y ahora que?..
…continuara
Tú eres mi adicción

Tú eres mi droga y mi deseo
Te has metido en mis venas lentamente
Hasta llegar a mi frágil corazón
Eres mi adicción prohibida
Eres el río de mi vida
En el navegan mis pasiones
En el se calma mi fuego
He de apartarte de mi vida
Pero es más fuerte mi adicción
No hay antídoto que la cure
No quiero curarme de tu amor.
Elucubraciones veraniegas. Anne Fatosme

Atrás queda la lluvia.
Delante, un pie jugueteando en un charco.
Cinco dedos en abanico,
peana resbaladiza de un cuerpo
de mujer, fijada en la espera
de una mañana clara.
Los días se escapan,
hierbas horizontales
acariciadas por la velocidad,
de un coche descapotable.
Bocanadas de aire tamizadas
a la sombra de un tamarindo,
luminosas en el hueco de un hombro,
o negras y estrechas
como zulo en el país vasco.
Azul letal en Marienbad
o verano gris en Finlandia.
Cinco instantáneas superpuestas,
retocadas con fotoshop.
Cielo inmenso convergente en un charco,
ojo de pez contaminado por algas microscópicas,
Mediterraneo encogido,
a mis pies.
Son peligrosas…
No todas tienen esa cualidad en su arsenal, esa que es difícil de definir y de etiquetar. Es como si ellas mismas fueran la fuente de toda la intensidad que tienen las cosas. Las que con una mirada hacen que replantees todo lo que das por cierto. Que con verlas moverse alegremente entre las olas, uno podría fácilmente confundirlas con aquellas sirenas que atraían a los argonautas hacia su fatal destino.
Son esas mujeres que mojan sus palabras en miel, para que éstas permanezcan más tiempo en tus oídos. Las mujeres que parecieran estar hechas de lo mismo que el amor, porque te hacen sentir los mismos síntomas (si vemos el amor como una enfermedad, quizás la única deseable); hacen levitar tu estómago, y traen cosquillas a cada célula de tu piel, haciendo que sientas que estás frente a algo que es sagrado.
Están armadas, estas mujeres, de cuerpos únicos como obras de arte. No esos que vemos en la televisión, todos iguales y hermosos como pueden serlo los productos que se fabrican en serie. Estoy hablando de esos cuerpos de los que pareciera brotar una sensualidad única, especial y casi química. Como si al verlos, cada fragmento de nuestra alma sintiera el más intenso de los impulsos de separarse de nosotros y tocarlas. Transmiten una sensación de fatalidad, si sentimos que no lo tocaremos nunca.
Son esas mujeres que pueden ser coquetas y actuar despreocupadas de su aspecto, esas cuyo esplendor permanece inmutable sin importar la situación. Tienen esa gracia imposible de tocar, ese balance perfecto entre un alma ligera y un exterior hermoso que solo se halla en las obras de arte que cambian la historia, y convierten a sus personajes en hitos que permanecen en el tiempo.
Su belleza es única y a la vez es universal, una contradicción que es la nota más dulce de su existencia. Son mujeres que pertenecen a otro género, porque el de femenino no les alcanza. Son divinas, y su santuario son los recuerdos que las contienen. Sus sonrisas nos hacen olvidar cualquier pesar, y su actitud invencible es contagiosa.
Sus besos causan amnesia, y sus caricias dependencia. Si nos toman de la mano, podrán llevarnos donde quieran, porque ya no podremos ejercer con cordura una sana resistencia. Si enredan sus dedos en nuestro pelo, enredarán también nuestros sentimientos. Cada beso, cada caricia, cada sonrisa, nos marca de una manera que no es natural, como si después de ellos nuestras vidas cambiaran para siempre, como si todo lo que éramos antes de ese beso, de esa caricia, de esa sonrisa, se diluyera en la esencia misma del universo.
Mundo virtual del país de las maravillas

Este poema no me traerá amigos nuevos
Incluso puedo perder alguno de los que tengo
Pero estoy razonando lo que veo cada día
Un mundo de sueños amores y fantasías
Mundo virtual y deslumbrante como pocos
Todos somos estupendos y muy generosos
Nos queremos y adoramos en demasía
A veces no distinguimos lo virtual de la misma vida
También nos odiamos y encelamos
Juzgamos y somos juzgados
Hay quién intenta medrar y poner mal ambiente
Son los que nunca suelen ir de frente
En cambio con los vecinos de al lado de nuestra casa
Muchas veces ni siquiera nos preocupa lo que les pasa
Si nos saludamos ya es mucho trabajo añadido
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Explorando nubes o las divagaciones de una colega muerta de sueño.
Tengo miedo a la noche

Tengo miedo a la noche
Nunca pensé tenerlo
Me gusta la luna llena
Y las estrellas en el cielo
Llegabas sin hacer ruido
Camuflado en la oscuridad
Te metías en mi cama
Y me ultrajabas sin piedad
Yo callaba y no decía nada
Para que mamá no se enterara
Me tenías cruelmente amenazada
Y si se lo decía su vida peligraba
Tú no eras el padre que deseaba
Solo eras mi verdugo ejecutor
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