Llegarás Tarde A Casa

Cristian se despertó, cuando comenzó a escuchar la metálica voz que anunciaba la próxima llegada a la Colonia Titán.

Su camarote era pequeño, apenas había un viejo sillón y un minúsculo baño, sin puerta.

“Cielos, esto es tan grande como mi armario”, bromeó para si mismo, pues en ese lugar, no habia nadie más con quién hablar, aunque posiblemente en la nave hubiera muchos otros, en aquel momento.

– Le solicitamos a los amables pasajeros que permanezcan en sus habitaciones, hasta que se efectue el aterrizaje. Gracias- volvió a escucharse la impersonal voz de la nave.

Como habia hecho muchas veces, tomó su videoteléfono y marcó el número de su casa. Segundos después, se iluminó la pantalla del aparato, mostrando el hermoso rostro de Marla, su compañera:

– Hola, mi amor, ¿ya estás llegando?
– Si, en pocos minutos estaré con ustedes. ¿Cómo están?
– Todos bien. Te esperamos para comer. Hice un asado que te va a encantar.
– Qué bien, y ¿cómo está el tiempo por allĺ?
– Afuera está lloviendo y se siente algo de frio; pero estamos bien.
No te preocupes.
– Ok, chao
– Chao. Un beso.

Cristian sonrió al apagar su teléfono.

Comenzaron a sentirse entonces, varias sacudidas bruscas; pero no les dió demasiada importancia, porque pensó que era causado por algún fallo mecánico de la nave, o que el robot piloto habia olvidado conectar algo.

Dejaron de producirse las sacudidas y de pronto, se escuchó una voz muy potente, por los altoparlantes:

– Atención. Atención. Esta es la policia cósmica. Nuestros sensores indican que a bordo de esa nave hay un enemigo y parece estar armado. Prepárense a ser inspeccionados.

Segundos después, se escuchó la computarizada voz de abordo:

– Por favor, se ruega a los amables pasajeros que permanezcan en calma, mientras la nave es revisada por la policia cósmica. Gracias.

Luego, silencio.

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Como Nave Abandonada

Cuando miro esta casa,  
hoy vacia y muda,
pienso en cúantas historias
habrán escuchado esas paredes,
Nadie camina ni corre ya
por sus largos pasillos.
No saludan más al sol
las cerradas ventanas.
Hoy, el silencio y la humedad
son dueños absolutos de cada rincón.

Palabras Para Compartir

 

Estas palabras no son nuevas, ni originales.
Han estado flotando, junto a nosotros,
desde el comienzo mismo de los tiempos.
Desde el primer vacilante razguño en una dura roca
hasta el último descubrimiento de la ciencia,
ellas son prueba de que estamos y seguiremos aquí.
Han estallado ya en miles de bocas,
y han escuchado todas las lenguas conocidas.
No son anónimas ni exclusivas,
pertenecen gratuitamente a todos,
porque son parte básica de la vida misma.

Maldito Invierno


“… Se estaba quedando solo y él lo sabia. Sus familiares habian ido muriendo, despacio al principio; pero cuando el invierno arreció, pocos pudieron soportarlo. Ahora solamente habia un pequeño grupo en su antes numerosa familia y de seguro, lo mismo ocurria en otros lugares del pais.
No era una visión nada placentera la de ver cuerpos helados y casi momificados, unos vestidos por completo y otros a medio vestir o totalmente desnudos; pues sus ropas habian sido tomadas por los familiares que aún vivian.
Recordó el momento cuando murieron sus padres y cómo los acostaron en sus heladas camas, sin otro abrigo que las pocas ropas que les servian de mortaja y cómo después, él mismo cerró con llave la puerta de aquella habitación.
Así mismo fueron haciendo cada vez que moría alguien en la casa, hasta que todas las habitaciones quedaron clausuradas. Luego, alguien tuvo la idea de usar el sótano para albergar los cadáveres; pero como alli no habia camas ni mesas, no tenian otra opción que depositarlos en el duro suelo… “.
Esto escribió Harry en el cuaderno, donde iba contando sus experiencias, cuando la temperatura del planeta cambió brutalmente, haciendo que todas las estaciones se convirtieran en un único invierno. Mucha gente no soportaba y moria. La comida casi se terminaba y el combustible era cada vez más escaso.
Entonces, levantó la mirada y le pareció descubrir un cierto brillo culpable en los ojos de sus compañeros.

Una mirada perdida y una lágrima falsa

Era ocho de agosto y la luna brillaba en lo alto del cielo. Aquella noche era pacífica y silenciosa, mientras que en mi mente cruzaban miles de ideas, algunas absurdas, otras sádicas y algunas sangrientas, pero no quería pensar en eso y sin embargo, una voz resonaba en mi cabeza, ordenándome que sea fría y calculadora, pues nunca conseguiría nada en esta vida si era sensible y tímida, el porqué ya lo saben, siempre debemos enfrenta penas y alegrías, aunque la verdad, a mí me había tocado vivir lo peor y mi espíritu no tenía paz absoluta. Vivía atormentada por cosas que me tenían al borde de la locura, había tenido una niñez traumática y mi pubertad había sido aún peor. Sigue leyendo

Elucubraciones veraniegas. Anne Fatosme

 

Fermanville

Atrás queda la lluvia.

Delante, un pie jugueteando en un charco.

Cinco dedos en abanico,

 peana resbaladiza de un cuerpo

 de mujer, fijada en la espera

de una mañana clara.

Los días se  escapan,

hierbas horizontales

 acariciadas  por la velocidad,

de un coche descapotable.

 Bocanadas de aire tamizadas

 a la sombra de un tamarindo,

 luminosas en el hueco de un hombro,

 o negras y estrechas

como  zulo en el país vasco.

 Azul  letal en Marienbad

 o verano gris en Finlandia.

 Cinco instantáneas  superpuestas,

 retocadas con fotoshop.

 Cielo inmenso convergente en un charco,

ojo de pez contaminado por algas microscópicas,

Mediterraneo encogido,

a mis pies.