Tempestuosa Libertad

Cuando Tibano decidió ir al mar para escapar del vacío y las tristezas, jamás imaginó que el verdadero sentido de su vida lo encontraría en su propia muerte.

La tarde había pasado cálida y tranquila, el sol comenzaba a morir mientras las nubes arribaban vestidas de colores cobre y ceniza. En la playa, algunos comentaban el alerta meteorológico y la amenaza de una tormenta que pronosticaban terrible. No obstante, los más valientes y enamorados se quedaron a contemplar el anochecer que poco a poco fue ganando la escena.

Solitario, el joven Tibano permanecía recostado en la arena luego de varias horas. Su cuerpo estaba totalmente adormecido pero no así su mente que giraba en torno a interrogantes sobre su persona y el mundo; él necesitaba encontrar respuestas pero todavía no sabía a donde buscar.

Y cuando la noche llegó, también la tempestad.

La lluvia caía despedazada y furiosa . El viento, como un ritual milenario e íntimo, agitaba sus alas provocando la furia de las olas. Ahora el cielo estallaba, apocalípticamente, con sonidos solo semejantes a la guerra más sangrienta o al grito más aterrador en una noche vacía y silenciosa. Sólo Tibano era testigo, un espectador maravillado por las fuerzas que allí parecían enfrentarse y amarse al mismo tiempo. Su boca casi no respiraba, sus ojos brillaban y en ellos, como en una pintura, se podía distinguir el destello de rayos quebrando el oscuro horizonte.

La tempestad fue creciendo y las emociones en su corazón también. Estaba desbordado, su alma se elevaba y se dejaba llevar, era libre, como nunca antes. Y fue en ese momento cuando encontró lo que, sin saberlo, siempre había buscado. Su pecho ardió de felicidad cuando en el aire, y dirigiéndose a él, una voz de lenguaje angelical comenzó a pronunciar palabras jamás antes dichas en éste mundo. Le enseñó el camino y él, como en una procesión, fue marchando hacia donde la voz lo conducía, a las aguas, al centro mismo del temporal. En el camino dejó sus cadenas humanas, se despojó de tristezas y desesperanzas.

El mar lo recibió con una tibia caricia. Ya no había recuerdos ni lamentos, sólo su alma en éxtasis supremo. Y cuando el agua ya cubría la mitad de su cuerpo, la tormenta repentinamente terminó y el firmamento que, hasta esos instantes era siniestro, ahora se despejaba y dejaba ver la luna más hermosa. Fue tanta su alegría que lloró, silencioso y profundo, sin llanto, manteniendo su boca cerrada, intentando, tal vez, ahogar allí el dolor del mundo. Se despidió de la vida derramando sus últimas lágrimas, que caían como perlas preciosas en las profundidades del mar.

Su cuerpo jamás fue encontrado ni reclamado. Sin embargo, en la mañana siguiente a estos hechos, descubrieron su ropa y una nota que decía:

“Las noches y los días se pasean sobre la existencia humana sin titubear, sembrando entre nosotros indiferencia y temor, sujetando nuestras alas, encerrando nuestras almas en cárceles de soledad.”

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2 Respuestas a “Tempestuosa Libertad

  1. Pásela bien.
    Este Blog está motivador para mi, que buen cuento, cuidada edición. Ya no soy jóven, quizá por eso reflexionaba que sólo un jóven puede querer terminar con su vida por no hallarla. Saludos. SM.

  2. Me encanta tempestuosa libertad !!! besos Maxi..
    como una vez me dijiste..
    ” Hasta q el viento nos vuelva a cruzar “

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